Ruta 231 Villa la Angostura

miércoles, 7 de abril de 2010

Seguridad Vial: no es como manejamos sino como nos conducimos


El Estado debe organizar y moderar las conductas humanas, particulares o colectivas,
para lograr un óptimo resultado en esta materia

La OMS (Organización Mundial de la Salud) estima que, cada año, en el mundo mueren 1,2 millones de personas por causa de choques en la vía pública y hasta 50 millones resultan heridos. Las proyecciones indican que, sin un renovado compromiso con la prevención, estas cifras aumentarán en torno al 65% en los próximos 20 años. Por otra parte, la OMS, afirma que los traumatismos causados por el tránsito constituyen un problema creciente de salud pública que afecta de forma desproporcionada a los grupos vulnerables de usuarios de la vía pública.

Más allá de las números que lanzan las estadísticas, si son 7.000 u 11.000, las personas afectadas en siniestros de tránsito, dependiendo del año; lo que sí realmente importa es comenzar a implementar medidas concretas, controles, penalidades, campañas educativas (ninguna aislada pero si todas ellas en conjunto) que bajen drásticamente el fenómeno en períodos cortos de tiempo: la vida de nuestra gente es la que está en juego. La violencia en el tránsito es una verdadera enfermedad social; es un problema grave donde no se trata de rehabilitar la salud dañada, sino de prevenir para que se pueda gozar plenamente ella.

La seguridad vial consiste en la prevención de siniestros de tránsito o la minimización de sus efectos, especialmente para la vida y la salud de las personas, cuando tuviera lugar un hecho no deseado de tránsito. También se refiere a las tecnologías empleadas para dicho fin en cualquier vehículo de transporte terrestre. Existen dos actores claves a la hora de determinar responsabilidades y acciones necesarias para disminuir la magnitud y el impacto de esta endemia social. Por un lado están los ciudadanos, es decir, nosotros, usted, yo, como actores directos en cada accidente de tránsito y por otro lado el Estado como la institución que debe garantizar el respeto de los derechos humanos y la seguridad en los espacios públicos, ambos imprescindibles para el desarrollo de una sociedad democrática.

El comportamiento de las personas y su actitud en el tránsito de rutas y calles responde fundamentalmente a reglas implícitas y explícitas que regulan su interacción y determinan un modelo de relación y convivencia social. En este establecimiento de reglas de comportamiento se opta permanentemente por un modelo de trato civilizado o un patrón de “ley de la selva” donde impera el más fuerte y hábil. En un estándar de coexistencia es importante la armonización entre los sistemas cultural, social y jurídico que cohabitan en la regulación del accionar de los diversos actores (automovilistas y peatones) en el tránsito vial, determinando aspectos y valores relevantes de la “Educación y Cultura Cívica”.

Pero por otro lado, esta el Estado, quién ante la ruptura de las normas de convivencia que debieran regir en nuestra sociedad, tiene la mayor responsabilidad en generar las acciones necesarias para recrear un adecuado uso y comportamiento en los espacios públicos, evitando que nos rijamos por la “ley de la selva”. Es de vital importancia que el Estado explique el sentido de las regulaciones y el beneficio individual y social de su cumplimiento a través de campañas para lograr el respeto de las normas. No debería renunciar a su rol de garante del cumplimiento de las normas de tránsito y único responsable de sancionar a los infractores.

Este problema social, es uno de los hechos más complejos de la trama social, y no tiene una única causa de su porque, por el contrario al haber tantas cuestiones que dan origen a esta pandemia, es que resulta más problemática su resolución. Entre los distintos factores que desencadenan un accidente de tránsito podemos mencionar:
- Factor humano: Los factores humanos son la causa del mayor porcentaje de accidentes de tránsito. Pueden convertirse en agravantes a la culpabilidad del conductor causante, en función a nuestra legislación.
• Conducir bajo los efectos del alcohol (mayor causalidad de accidentes), medicinas y estupefacientes.
• Realizar maniobras imprudentes y de omisión por parte del conductor:
o Efectuar adelantamientos en lugares prohibidos (Choque frontal muy grave).
o Atravesar un semáforo en rojo, desobedecer las señales de tránsito.
o Circular por el carril contrario (en una curva o en un cambio de rasante).
o Conducir a exceso de velocidad (produciendo vuelcos, salida del automóvil de la carretera, derrapes).
o Usar inadecuadamente las luces del vehículo, especialmente en la noche.
• Salud física y mental del conductor o peatón no aptas. (Ceguera, daltonismo, sordera, etc.).
• Peatones que cruzan por lugares inadecuados, juegan en carreteras, lanzan objetos resbaladizos al carril de circulación (aceites, piedras).
- Factor mecánico:
• Vehículo en condiciones no adecuadas para su operación (sistemas averiados de frenos, dirección o suspensión, falta de luces o pocas luces para ver y ser visto, no contar con espejos retrovisores, balizas, limpiaparabrisas, neumáticos correctos en función al tipo de camino y en buen estado para lograr el agarre y frenado en tiempo y forma, etc.).
• Mantenimiento inadecuado del vehículo.
- Factor climatológico y otros:
• Niebla, humedad, derrumbes, zonas inestables, lluvias, nieve, humo, baja visibilidad o reducida, hundimientos.
• Semáforo que funciona incorrectamente, falta de señalización.
• Mal estado de los diferentes tipos de acceso (rutas, caminos, avenidas, calles, autopistas, carreteras).
• Conducir de noche (en la nocturnidad es cuando se dan el mayor número de accidentes).
Es necesario un cambio significativo en la cultura a fin de alcanzar metas razonables de reducción de los siniestros viales. Este es un desafío que puede y debe ser encarado en un marco de cooperación público- privado donde se involucren todos los actores sociales sin que ello signifique que el Estado deba renunciar ni transferir la responsabilidad de este cambio al sector privado. Las normas reguladoras de tránsito y la responsabilidad de los usuarios de la vía pública componen el principal punto en la seguridad vial. Se requiere la voluntad política, el compromiso de la sociedad y la toma de conciencia de sus males, a fin de encarar las soluciones a esta cuestión de larga data en nuestro país, evitando las muertes gratuitas a los que esta calamidad y desgracia nos somete día a día.

Miguel Angel Rizza
Lic. en Ciencia Política
Mgter en Relaciones Internacionales

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